Disfruta de los olores
Para escribir este artículo me he propuesto vivir una semana especialmente sensitiva: mi propósito es darme cuenta de las sensaciones que me evocan los distintos olores con los que me voy encontrando.
Una de las primeras cosas que hago nada más levantarme es sacar a pasear a mis dos perros.
Es un momento muy especial. Hacerme responsable de esta primera obligación del día me permite ponerme en marcha desde muy temprano y sentir que contribuyo a mi propio bienestar y al de mi familia.
Hoy, nada más salir, noto la humedad del ambiente y la facilidad con la que respiro, y tengo la suerte de percibir el olor maravilloso de las arizónicas. Eso me pone de buen humor y me dan ganas de alargar el paseo para observar con más detalle lo que sucede a mi alrededor.
Este primer reencuentro con las actividades cotidianas me permite estar más despierta, abierta a que el día me traiga más momentos agradables que oler, haciéndolos más presentes y evocadores, llenándolos de contenido y significado.
Al llegar a casa, lo primero que percibo es el olor a café recién hecho. Se me dibuja una gran sonrisa: es muy agradable saber que tengo por delante un momento tranquilo para disfrutar de un desayuno calentito.
Después dedico un rato a oler la ropa que he decidido ponerme hoy, ese olor fresco y agradable que deja el suavizante y que me invita a acercarme la prenda a la cara y sentir su suavidad.
Como me propuse disfrutar durante todo el día de cualquier oportunidad olfativa, no tenía excusa para no ponerme el producto para desenredar el pelo ni las cremas que me recomendó una amiga. Todos esos productos que normalmente olvido aplicarme, con la excusa de la falta de tiempo o la pereza, hoy los he disfrutado muchísimo gracias al propósito de saber a qué huelen.

Otro momento oloroso del día es cuando despierto a mis dos hijos. Uno de los rituales al levantarles es acercarme a oler sus caritas, sus cuellecitos y, los días que estoy más revoltosa, sus piececillos. Todos y cada uno de esos olores son mágicos, agradables y tiernos.
La mantequilla que termina de derretirse sobre la pasta que he preparado para comer; el bizcocho recién hecho.
¿Cómo nos puede ayudar prestar más atención a los olores del día a día?
Igual que el olfato nos ayuda a disfrutar de los matices de un alimento, puede ayudarnos a observar detalles que hasta ahora no habíamos tenido en cuenta. Además, nos obliga a tomarnos un tiempo e ir un poco más despacio para observar y saborear cada momento.
Cuando presto atención a los olores que percibo cada día, necesito la voluntad consciente de estar más presente. Busco más información; se despiertan mi curiosidad y mi interés por lo que me rodea.
Intentar saber qué me trae un olor puede ayudarme a recordar, traerme una imagen del pasado o una sensación agradable ya vivida; puede relajarme o permitirme ver oportunidades de acción.
Te propongo que durante tres días estés más atento a todos los olores que te lleguen y observes qué sensaciones te producen.
Este ejercicio te permitirá ser más consciente de tu momento presente: observarás más detalles, te reconocerás más despierto y curioso ante lo que te rodea, y el día será más rico en contenidos y sensaciones. También te ayudará a identificar qué te ayuda, y qué no tanto, en tu rutina y en tus hábitos.
Si esta práctica te ha ayudado a sentirte mejor, me encantaría que me lo contaras; y si no ha sido así, también. Cada experiencia nos ayuda a descubrir qué puede contribuir a nuestro bienestar.