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Vivir hasta despedirnos

Hoy celebramos Halloween. En el colegio, los niños han decorado aulas y pasillos con fantasmas, calabazas, murciélagos…

Durante la asamblea bailarán y cantarán canciones como la de «Cazafantasmas» o el trabalenguas de «El murciélago y el chupacabras», y más tarde recorrerán el pasaje del terror que ellos mismos han preparado, para su propio disfrute y el de quienes quieran unirse a la celebración.

Mañana celebraremos también el Día de Todos los Santos: las familias irán al cementerio, revisarán el estado de las lápidas, las limpiarán, llevarán flores, dedicarán un tiempo a recordar a sus seres queridos y acudirán a misa.

Estas dos festividades nos permiten abrir un paréntesis en nuestras vidas para mirar de frente a la muerte.

La muerte ha pasado de ser un hecho natural, integrado en el ritual de las familias, a ser algo que evitamos.

Si de lo que quiero hablar es del autocuidado, podría ser bueno cuidarnos también a la hora de elaborar un duelo, en el momento de despedirnos de un ser querido.

Si viéramos los beneficios de estar al lado de una persona que se va, seguro que tendríamos el valor suficiente para aceptar la pérdida y permanecer junto a ella.

Acuarela de una niña abrazando el tronco de un gran árbol de hojas rojizas mientras otra persona descansa a su sombra

Si dejáramos a un lado nuestros miedos e inseguridades, nuestra dificultad para aceptar lo que tiene que ser, empezaríamos a ver oportunidades de amor y crecimiento incluso cerca del momento de la muerte.

Parece una locura ver algo positivo en la muerte. Pero cuando normalizo ese instante, dejo de lado mi angustia y me permito estar solo con lo que hay, aceptando lo que está sucediendo, la muerte deja de ser un problema. Entiendo que es lo que tiene que ser, y que puedo hacer de esa ocasión la más bella que haya vivido hasta entonces con la persona que se marcha.

Desde mi experiencia, estar al lado de alguien que se está yendo te permite darte cuenta de lo bellísima que es la vida hasta el mismísimo instante en que nos despedimos.

Para mí son muchos los beneficios de acompañar a un ser querido que tiene que marcharse: poder cuidarle, mimarle en lo que pueda necesitar, decirle «te quiero» tantas veces como haga falta, cerrar aquello que quedó pendiente.

Si me pongo en el lugar de la persona que se va, me gustaría sentirme acompañada por mis seres queridos; poder dejarme ir desde la tranquilidad de que todo está bien, de que ya no tengo que sostener nada; dejar de sentir miedo ante la idea de irme, y compartir el secreto más profundo: que nos queremos y que nos vamos a echar de menos.

¿Te gustaría hablar de ello?

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